UN PASO A LA CONFIANZA

Es fácil entrar en ciertas espirales de búsqueda de seguridad. A veces se nos va la vida de ahora proyectando una vida futura en el “día de mañana” en la que tendremos lo necesario para empezar a vivir, sin darnos cuenta de que “lo necesario” se va modificando continuamente, poco a poco va creciendo de manera sutil, mientras pasamos de puntillas por la vida sin apenas rozar el gozo de la plenitud que se nos brinda incansablemente en el Presente.

Como en la canción mejicana que dice “el que tiene un peso quiere tener dos, el que tiene cinco quiere tener diez, el que tiene veinte busca los cuarenta, y el de los cincuenta quiere tener cien” no nos damos cuenta de que “lo necesario”  no llega nunca.

Tener la ilusión de que todo está bajo control puede ser muy agradable, pero no es más que eso, una ilusión y todo el tinglado puede desmoronarse en un momento como un castillo de naipes cuando menos lo esperamos.

Confiar más y controlar menos disminuye la tensión de la vida.

Pero ¿Cómo confiar? Tal vez simplemente empezando a dejar cabos sueltos sabiendo que la vida tiene recursos que nosotros no vemos, abrirnos, aunque sólo sea un poquito, a lo desconocido, dar sin medir el posible rendimiento, reservar una buena parte de lo que tenemos ( tiempo, habilidades, dinero, conocimiento…) a la entrega desinteresada, sin medir, sin calcular, sin anotarlo en ningún lado,dar a fondo perdido para que lo gestione la vida en beneficio de todos, hacer planes pero estar dispuestos y abiertos a modificarlos, a cambiar la hoja de ruta si la circunstancia así lo pide, a confiar profundamente en la sabiduría de la vida que conoce todos los hilos de la trama.

¿Por qué no intentarlo en pequeñas cosas? ¿Por qué no probar? A lo mejor nos sorprenden los resultados.

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