EL GOZO DE VIVIR

 NIÑOSLa vida sólo es la expresión, el despliegue en la existencia de un potencial.

Puede ser que me identifique con lo que se manifiesta en ese despliegue del potencial que es la existencia y creer que la finalidad de la vida es “llegar a ser” completo… algún día, en algún momento…  o puede ser que  mi identidad esté en ese foco potencial, YA SOY y ahora me expreso en la existencia.

Es muy distinto una cosa de otra, en el primer caso es muy importante lograr cosas, conseguir objetivos, se está en lucha, en búsqueda, en carencia, persiguiendo un objetivo inalcanzable, “tengo que llegar a ser”, pero cuando parece que estoy cerca de conseguirlo, lo pierdo, se acaba, se pasa de moda, se termina, o me muero… la vida es una lucha constante, porque no basta con conseguir, siempre falta algo más, siempre más y luego hay que conservar lo logrado, protegerse y a la vez obtener el reconocimiento de ese mundo exterior caprichoso y cambiante que en cualquier momento te da la espalda, y lo más duro de todo esto es que en cada momento está en juego nada más y nada menos que mi identidad, el ser o no ser.

Imagínate ahora tu vida si liberas tus acciones de la necesidad de demostrar nada, si sabes que nada puede menguar o aumentar tu grandeza, si tu noción de ser no está sujeta al reconocimiento exterior, si tu valor no necesita ser demostrado, ni revalidado… eres y eso basta.

En este caso la vida es gozosa, no tienes nada que perder, lo que eres lo eres desde antes de la existencia y lo seguirás siendo después.

Piensa por un momento para qué vale un recién nacido,… realmente no vale para nada, no sabe hacer nada,  es completamente inútil y tampoco ha demostrado nada, ni tiene nada…,recien nacido

Sin embargo cuando vemos un recién nacido no podemos dejar de maravillarnos, de ver su grandeza, de sentirlo y saberlo valioso, simplemente porque ES, reconocemos un valor en sí mismo sólo por SER.

Cuando contemplamos un recién nacido no podemos confundirlo con sus logros porque no tiene ninguno, sin embargo su presencia nos conecta con algo que no se puede definir, la belleza que contemplamos en él va más allá de sus rasgos, de su forma.

Luego, poco a poco empezamos a proyectar en él nuestros miedos, nuestras frustraciones, nuestros sueños, nuestras ideas… y perdemos de vista a eso único, indescriptible, indefinible. Entonces el niño, que no es autoconsciente, empieza a perderse con nosotros, pero se pierde porque nosotros estamos perdidos, empezamos a querer que sea el más guapo, el más listo, el más gracioso, el más hábil… y empieza la lucha por “llegar ser”, olvidándose de que Ya ES.

Tal vez sea el momento de recuperar el gusto por la vida, el gozo de vivir, ¡vivir por vivir! perder el miedo a la experiencia nueva y desplegar sin trabas el potencial que somos.

Recobrar la conciencia de nuestro valor “Yo Soy”, eso inexplicable que se reconoce en el recién nacido y que es lo que puede hacer de nuestra vida una experiencia gozosa.

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