PRESENCIA

 

¡Qué sólida la montaña!

Parece que se mantuviera inmutable, insensible al tiempo, invariable. Sin embargo, hoy mirándola, he descubierto su fragilidad, su forma cambiante, su movilidad, su inconsistencia.

            Hace mil, dos mil, quince mil años… ¿cómo era la montaña?, y ¿qué son esos años en la eternidad?

Y más aún, ¿cómo era la montaña el año pasado, la estación anterior?

¡Qué distinta, en verano crujiente y florecida, en otoño entre parda y gris, en invierno blanca, en primavera húmeda y verde …!

Y más aún, ¿cómo era la montaña ayer? ¿y esta mañana, cuando despertó el brillo del rocío con los primeros rayos de sol?

¿Cómo es ahora, en esta tarde anaranjada y serena cuando la miro?

¿Cómo será dentro de un momento, cuando el sol se oculte y se cubra de sombras?

 

¿Cómo veo la montaña cuando la miro desde aquí y me recreo en sus colores, en sus formas…?

¿Y cómo cuando quiero pasar al otro lado y sus pendientes se me muestran cada vez más grandes, obstáculos insuperables que alimentan mi cansancio?

¿Cómo veo la montaña cuando me refugio en ella buscando el silencio sonoro, la soledad elegida, y ella me acoge cálida en sus laderas, mostrándome sus senderos y sus refugios secretos?

¿Y cómo cuando me pierdo entre sus bosques y no veo la cima ni el valle, sino sólo las sombras amenazantes y hostiles?

 

Todo cambia, nada permanece, cambia la montaña ante mis ojos, y cambian mis ojos ante la montaña. Cada momento es distinto, su presencia y mi presencia.

Puedo permanecer inmóvil ante la inmovilidad de la montaña, sin embargo, ninguna de las dos inmovilidades permanece igual.

Percibimos y ofrecemos de forma distinta cada segundo.

La vida fluye, fluye constantemente, nace y muere al mismo tiempo, se crea y se destruye, da y recibe…

¿Por qué empeñarnos en hacer permanente lo que es cambiante por naturaleza?

 

Sin embargo, intuyo que más allá de la montaña y de mis ojos, de su forma y de la mía, del tiempo y del espacio, está la Presencia inmutable, la felicidad completa, lo que no tiene principio ni fin, que no nace ni muere, que no se crea ni se destruye, la ausencia absoluta y la presencia total, el vacío y la plenitud, la nada y el todo.

 

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